viernes 17 de julio de 2009

La terrible imagen de una mujer

En el documental de Morgan Spurlock, Súper engórdame, comentan que muchos de los adultos que comen en McDonald’s tienen gratos recuerdos de su infancia vividos en esos restaurantes (juegos, comidas familiares, fascinación por el payaso Ronald, etc.); es por eso que de adultos siguen comiendo allí (para revivir, aunque sea inconscientemente, aquellos días de cajitas felices).

Yo voy a McDonald’s porque me gustan las hamburguesas y el ambiente de caricatura. Sin embargo, eso de «los gratos recuerdos» me pasa con algo que tal vez sea peor que las hamburguesas de juguete: El show de Cristina.

He sido capaz de dormirme a las cuatro de la madrugada por estar viendo transexuales, esposas engañadas, bomberos desnudistas… (es que ese programa lo tiene todo).


Pero no me gusta porque sea guarro, sino porque me recuerda mi infancia: eso era lo que veíamos cada tarde por televisión, justo antes de que mi mamá volviera de trabajar (sólo que la alegría por esa llegada se mezcló, a causa de alguna fuerza maligna, con la imagen oropélica que Cristina tenía en sus primeros años).

Sabiendo esto, me aseguraré de llegar a casa cuando mis hijos imaginarios estén viendo Bob Esponja (si se van a encariñar con algún programa televisivo prefiero que sea con el mejor de toda la historia).

1 respuestas:

Anónimo dijo...

yo me acuerdo que cuando era pequeñita, todos los fines de semana uno de mis hermanos me despertaba super temprano a ver caricaturas!!

Eran tan agrdables esas mañanas,con un chocomilk y un pan tostado!! Lo extraño tanto!!

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